A veces, los viajes no se definen por los grandes monumentos, sino por los descubrimientos que ocurren cuando decides caminar unos pasos más allá de lo evidente.
Tras visitar la imponente estructura del Rancho Suytun —cuyo nombre en maya significa acertadamente "Centro de Piedra"— el hambre y el cansancio empezaron a reclamar su lugar. Fue así como, buscando un respiro, terminamos en las mesas de madera del Restaurante Don Carlos.
Un Oasis de Sencillez y Naturaleza
Ubicado estratégicamente cerca de las cabañas que se rentan dentro del rancho, este restaurante no necesita de pretensiones para conquistarte. Lo primero que te recibe es el entorno: una vista rodeada de árboles frondosos y el sonido relajante de la gente disfrutando de la alberca. Es un espacio impecable, ventilado y con esa calidez humana que solo se encuentra en el interior del estado.
El Festín: De la Parrilla a la Mesa
Nuestra elección fue directa a las raíces. Pedimos un plato de Poc Chuc y, por supuesto, la emblemática longaniza de Valladolid.
Lo que llegó a la mesa fue un desfile de colores y aromas:
La guarnición perfecta: Frijoles negros espesos, cebolla asada en su punto, chiles locales, y el indispensable toque ácido de la naranja agria.
Las tortillas: Calientes, infladas y con ese aroma a maíz recién nixtamalizado que te obliga a armar el primer taco antes de que el mesero se retire.
El Hallazgo: El Secreto de Doña Trini
Aunque el Poc Chuc cumplía con creces, la longaniza fue la verdadera protagonista. Tenía ese equilibrio perfecto de especias y ahumado que te hace detener la conversación para preguntar: “¿De dónde sacan este producto?”.
Con la honestidad que caracteriza a la gente del rancho, nos revelaron el secreto que otros chefs de la zona ya nos habían susurrado: la proveedora es Doña Trini. Ella es una institución en Valladolid, conocida por prácticamente todos los habitantes y por aquellos que buscan el sabor más puro de la región.
Tal fue nuestra sorpresa que, días después, fuimos personalmente a su local para comprar una buena dotación y llevarla a casa en Mérida. Incluso cocinada por nosotros, el sabor seguía siendo excepcional.
¿Vale la pena la parada?
Definitivamente. El Restaurante Don Carlos cumple la misión más noble de cualquier cocina: alimentar sabrosamente al viajero que sale con mucha hambre después de explorar y nadar. Es el punto final perfecto para cerrar el ciclo de aventura en Suytun.
Si hoy te preguntas ¿a dónde? y estás por la zona de Valladolid, deja que el olfato te guíe hacia el Don Carlos. Tu paladar te lo va a agradecer.
Detalles Prácticos:
Ubicación: Dentro de las instalaciones del Rancho Suytun (zona de cabañas).
Especialidad: Longaniza de Valladolid y antojitos regionales.
Ambiente: Familiar, relajado y natural.
